
Cómo aprendí a habitar mis nombres
"Esta es la historia de cómo llegué a ser quien soy"
Por: Claudinne | 한하늘 | 漢昭訥
Antes de comenzar a escribir sobre Corea, cultura, música y las emociones que habitan entre idiomas distintos, hubo algo que durante años mantuve casi en silencio: mis nombres.
Porque sí, hablo en plural.
Durante mucho tiempo pensé que explicar quién era resultaría demasiado complicado. Tal vez porque para muchas personas un nombre es solo una forma de llamar a alguien. Algo práctico. Algo cotidiano. Pero para mí, cada uno de mis nombres representa una parte distinta de mi historia, de mi esencia y de las personas que ayudaron a construirla.
Por eso no puedo separarlos.
“Claudinne” nació gracias a mis amigos. Entre tantas Claudias, quisieron encontrar una manera especial de distinguirme. Dudaron entre “Claudette” y “Claudinne”, pero el primero sonaba demasiado francés y el segundo les parecía más cercano al idioma italiano, una lengua que siempre me ha gustado profundamente y que entiendo mucho más de lo que puedo hablar. Así, después de conversaciones, bromas y votaciones improvisadas, terminé convirtiéndome en Claudinne.
Muchos años después entendí que ese nombre no solo me diferenciaba. También me representaba.
Pero mi historia con los nombres no terminó ahí.
En 1991, mucho antes de que existiera la apertura cultural que hoy permite hablar libremente sobre Corea, K-pop o Hallyu, un grupo de amigos scouts coreanos decidió darme un nombre coreano. No porque estuviera de moda. No porque quisiera “parecer coreana”. En aquella época ni siquiera imaginábamos un mundo donde Corea estaría tan presente culturalmente como ahora.
Simplemente nació desde la amistad.
Mi nombre original les resultaba complicado de pronunciar por la combinación “Cl”, así que prometieron que cuando regresaran a Corea buscarían un nombre especial para mí. Y lo hicieron de una manera que hasta el día de hoy sigo considerando profundamente hermosa.
Acudieron con un 작명가, un creador de nombres, y le hablaron de mí: de mi tótem scout, “mariposa bondadosa”; de mi signo zodiacal; de mi horóscopo chino; de mi personalidad; de aquello que ellos creían ver en mí.
Después de analizarlo todo, el nombre elegido fue: 하늘 “Haneul”. Cielo. Y junto con el apellido 한, nació el significado que me acompañaría desde entonces: “volar por el cielo con alas de esperanza”.
Durante años guardé ese nombre casi en secreto. No porque me avergonzara de él, sino porque el mundo no siempre entiende aquello que se sale de lo convencional. Mucho menos en una época donde hablar de Corea todavía parecía algo lejano para la mayoría.
Con el tiempo también llegaron los hanja: 漢昭訥.
Curiosamente, no fueron escogidos como una traducción literal del sonido de mi nombre, porque quienes me ayudaron a elegirlos sintieron que aquellos caracteres no representaban realmente mi esencia. Así que decidieron construir un significado distinto, uno que hablara más de quién era yo como persona que de cómo sonaba mi nombre.
Y creo que eso resume perfectamente toda esta historia.
Mis nombres nunca fueron disfraces. Nunca fueron una tendencia. Nunca fueron un intento de convertirme en alguien más... "Fueron regalos".
Pedazos de cariño. De amistad. De culturas distintas encontrándose en un mismo lugar. De personas que dejaron pequeñas huellas dentro de este vasto mar que soy yo.
Porque al final, eso somos todos: una suma de encuentros humanos. Tal vez por eso mi corazón siempre se ha sentido como un condominio horizontal donde viven recuerdos, idiomas, personas, canciones, artistas y momentos que alguna vez tocaron mi vida aunque fuera por un instante.
Y entre todos ellos, también viven mis nombres: Claudinne | 한하늘 | 漢昭訥.
Tres formas distintas de nombrar a la misma persona. Tres partes inseparables de mi esencia. Y quizá, por primera vez, la historia que durante muchos años permaneció oculta detrás de mi firma.
No hay comentarios:
Publicar un comentario